HISTORIA DE LA CASINA

 

  En la década de los 60,  el matrimonio formado por Rafael Álvarez García y Carmen Mena Contreras, compraron esta humilde casa a unos vecinos que tuvieron que emigrar

 

  En aquel tiempo Mari, la hija, estaba en edad casadera, así que como ellos ya vivían de alquiler en la plaza, donde tenían su ultramarinos, quienes ocuparon esta primera propiedad familiar fueron Mari y Juan el molinero, hijo de José Trinidad y Claudia Chaves, con el que se acababa de casarse. Corría el año 1969.

 

  En aquella casa, Mari y Juan vivieron muy estrechos, en el más amplio sentido de la palabra, durante más de cuatro años. Desde entonces ya fue para toda la familia “La Casina”. El nombre responde a la típica manera extremeña de llamar a todo todo lo escaso: “chiquinina, bajina, estrechina...” 

 

  A pesar de las estrecheces, allí se hicieron hasta matanzas, la matanza del cerdo tan imprescindible en todos los hogares alangeños por aquella época.

Y fue sede de eventos aún más transcendentes: el nacimiento del primer nieto de las dos familias, José Juan, el 20 de abril de 1970, asistiendo al parto el médico Don Germán Burgos y el practicante Don Domingo Rebollo. El mismo médico, acompañado del mismo practicante, tuvo que volver a La Casina once meses después, porque nacía la segunda hija, para quien que el destino tenía reservado el encargo de convertir esta humilde casa en un lugar muy especial.

 

  Todos estos acontecimientos marcaron sin duda, el futuro de la casa y el de parte de la familia. El esfuerzo de los abuelos para comprarla y ponerla a disposición de la hija que se casaba, los momentos felices allí vividos, las dificultades salvadas..., todo ello perduró siempre en el corazón y la voluntad de Mari y Juan.

 

  Cuando todo estaba cambiando en España,la joven familia cambió de domicilio.  Se trasladaron a la antigua casa de la familia Álvarez, que estaba en  la misma calle de Alange, la calle Almendros, donde  había nacido Mari y su hermano Antonio y habían convivido muchos años con la familia de su tío Álvaro “el carpintero”.

 

  La Casina quedó entonces vacía y en las siguientes dos décadas se alquiló en distintos periodos a varias familias. Con algunas de ellas se fraguó una gran amistad para siempre, como con la familia Redondo, conocidos en Alange como los cordobeses, que trabajaron en las obras del pantano en los años 80.

 

 La vieja y minúscula casa, dejada en herencia a Marí y Antonio por sus padres, pasó a la familia Trinidad- Álvarez para regalarla después a su hija mediana, M.  Carmen, con ocasión de su matrimonio con Antonio Gil Hidalgo.

 

 En los primeros años del xiglo XXI  surgió el proyecto de convertir La Casina en alojamiento rural. Como no era viable una rehabilitación, hubo de derribarse y levantar una nueva construcción desde los cimientos, aunque incorporando los materiales tícpicos de la arquitectura popular de la zona como las ventanas con postigos, las bóvedas, las baldosas hidráhulicas... Esto ha permitido que la casa conserve la esencia de lo que fue con un diseño actual que garantiza un confort máximo. 

 

 

 

 

Casa Rural La Casina
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